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24 de marzo de 2015

De lo urbano y lo divino.





Hay personas que maldicen cuando el despertador suena. Maldicen en arameo. Si se les queman las tostadas o la leche se calienta demasiado, vuelven a maldecir. Cuando salen de casa y sus piernas les llevan hasta su vehículo o el autobús de turno, miran el cielo y se quejan si hace demasiado sol, o si por el contrario, llueve.

Quejarse es su forma de ser. Su 'encanto'. Y se dedican a protestar por cualquier pequeña contrariedad que surja en su rutina, como que alguien a quien hace tiempo que no ven, les salude y les haga perder cinco minutos de su vida mientras almuerzan.

La vida les molesta. Los demás les molestan. 

Si un conocido, o amigo, acude a ellos para compartir un problema, se alteran. ¿Cómo osa ese ser humano a perturbar su paz? ¡Sus problemas sí son importantes! ¿Acaso cree ese desdichado que va por la vida con un diván soportando las neuras de los demás?

No hay mayor ofensa para él, que una persona con dificultades. ¡Él las tiene! ¡Y mucho peores! Es más, el planeta entero debería darle las gracias por tratar de ser amable. Es un esfuerzo tan grande, que ni un Óscar sería suficiente premio a su gesta.



Ayer, me encontré en una parada de autobús a un matrimonio veterano. Ante las preguntas de rigor sobre el tiempo que llevaban esperando, me dieron una lección. Una más de las que tengo que seguir recibiendo.

Ni era mi mejor día, ni tenía ganas de estar allí. Quería que el autobús llegara y marcharme a casa. Pero ellos tenían un plan. Mucho mejor que esos vídeos motivadores tan buenos que encontramos por Internet.

El hombre, un caballero sin un cabello en su elegante cabeza, con pequeñas gafas y mirada pícara, me confesó -como suelen hacer las personas con ganas de hablar- que llevaba 65 años junto a ésa mujer. 

La mujer, una señora con la sonrisa puesta desde el minuto uno, no paraba de insistir en que me sentara a su lado. A lo cual me negué dándole las gracias.

Llevaban desde las 12 sentados allí, esperando un autobús que no llegaba nunca. Él miraba a la acera y señalaba con la cabeza las gotas de lluvia que hicieron acto de presencia. Frunció el ceño.

Pero ella, más rápida, me contó que todos los días amanecía diciendo lo mismo: hoy va a llover. Sin importar el mes, la estación, ni la hora. Mi primera sonrisa del día, o tal vez la segunda.

Luego le incitó a que no protestara. Llevaban varios días sin salir de casa, y al menos habían:

- Visto pasar coches
- Les había dado el aire
- Y estaban hablando con una chavala simpática (ahora explico lo de chavala)

No he visto una manera tan graciosa y digna de transformar una pésima situación en algo agradable. ¿La comida? Ya no le daba tiempo a preparar algo sofisticado, así que gracias al autobús comerían algo distinto. Sencillo.



El hombre me miró mientras observaba un coche. Tenía uno nuevo en su campo y nadie lo utilizaba. Asentí. ¿Era una propuesta?

A esas alturas de la conversación, y de espera, cansada de estar en esa posición en la que se colocan los futbolistas, pero con bolsa de la compra en vez de balón, acabé sentada junto a la señora que estaba más contenta que el niño que a nuestro lado, nos martirizaba con los petardos que tiraban al unísono él y su padre, uno de esos seres vestido como si fuera un adolescente, que sonreía de manera un tanto estúpida, he de confesar.

Lo apunto porque intuía que estaban molestando a mis venerables acompañantes, pero tampoco le dieron mucha importancia, así que me olvidé del niño y del progenitor ipso facto.

De repente el caballero lanzó al aire un suspiro: "Qué malo es hacerse viejo". Y sin pensarlo le contesté que peor era no serlo. Provocadora... 

Me sonrió mientras me preguntó lo que todos los señores que saben que aparentan menos edad, gustan de plantear: ¿Cuántos años crees que tengo? y sin darme tiempo a decir una cifra, me espetó, "90"

¡90! ¿90? 90...

"Y yo, 83", anunció la mujer mirando al suelo. 


¡Aquello era imposible! Esa pareja de tórtolos habían hecho un pacto con el diablo. Y con las buenas maneras, todo sea dicho.

"¿No te he dicho que llevo 65 años junto a esta mujer?", me preguntó con una  media sonrisa... 

Un poco roja, asentí. Supongo que cuando me lo había dicho mi cabeza estaba saturada de otros pensamientos más "importantes".

¿Entienden ahora lo del término 'chavala'? Prácticamente una adolescente para ellos.

Antes de llegar el autobús, la señora, adivinando que en mi cara mucha alegría no se reflejaba me comentó que no debía estar triste. "Uno tiene que estar triste cuando fallece una persona a la que quiera mucho, nada más" 

"Tengo tres hijos. Buenos chicos. Los tres tuvieron novia muy jóvenes. Los tres se quedaron sin ellas tras diez años juntos. Fueron ellas... ellas les dejaron. Creo que una está arrepentida"

Yo la escuchaba con atención. 

"He sufrido mucho con ellos. Estaban tristes. Pero ahora son felices los tres. Con tres buenas mujeres" 

Y yo no pude evitar pensar en que me estaba contando un cuento. Y los tres vivieron felices para siempre y comieron perdices, pero pronto volví a recuperar la sensatez. 

El volvió a sacar el tema del coche. "Ninguno de ellos lo quiere. Y está nuevo, de verdad..." a lo que ella añadió como si él no la escuchara "Es que ya no está para conducir..."

¡90! ¿90? 90...

Y el milagro se produjo. Nuestro vehículo llegó. Ya no estaba nerviosa. Y creo que triste tampoco. Las miradas tiernas de esos dos personajes, me habían trasmitido mucha ternura y paz. 

Deseé que fueran mis abuelos. O amigos de mi familia de toda la vida. Y poder visitarlos. Valoro el sentido de humor y cómo gestionan los momentos desagradables, algunas personas. Sé que aquella mañana no les importó estar sentados durante una hora en aquella parada.

Sé que me faltó algo: darles un abrazo. Y lo pienso ahora que escribo estas líneas. Sí, soy de esas locas que preguntan "¿Te puedo dar un abrazo?" Y estos dos, se merecían uno y bien grande. 

Las mejores historias no ocurren en paisajes ideales, sino en lugares donde el asfalto, las prisas, y la gente conviven. Sólo hay que detenerse, y escuchar.







Joana Sánchez

19 de noviembre de 2014

El día del hombre


Eres tan hombre


Texto rescatado del mes de septiembre de 2013. 

HOMBRE DE VITRUVIO
Me caen bien los hombres. Sé que lo normal sería decir que son unos bichos, machistas, retorcidos y que sólo piensan en una cosa, qué añejo suena eso.
Hay hombres tontos, hombres listos, hombres insoportables, hombres aburridos, hombres malos, hombres ocurrentes, hombres nobles, hombres tiernos, hombres amorosos, hombres gruñones, hombres altos, hombres bajos, hombres inseguros, hombres sensibles, hombres cariñosos, hombres rudos…
Y así hasta el infinito. Ahora sustituye hombre por mujer y verás que no somos tan diferentes.
A un hombre le da igual si te has cambiado el color del pelo, o si te queda mal un vestido si es tu amigo o tu pareja, lo pensará en el más extraño de los casos pero se callará o quizás ni repare en ello. Tal vez no note que estás triste pero sí que estás más callada que de costumbre. ¿Desinterés? No.
Un hombre te cuenta sus frases para ligar y tú como amiga cómplice le das tu opinión pero le recuerdas que no representas a todas las mujeres del mundo ¡menos mal! y por esta razón un tanto frívola y otras que te cuento no me gustan las feministas profesionales, a mí no me representan sobre todo las que odian a los hombres.
Todo para ellas es machismo. Un anuncio. Un comentario en un periódico. Una idiotez por parte de un político a otra política. Eso sí, hablar de “macizorros” de “tíos buenos” en programas de radio o televisión por parte de locutoras respetables no es machismo, ¡eso es igualdad! Yo creo que es el comportamiento de una quinceañera sin muchas neuronas.
Hay hombres con los que hablar hasta que la luna asoma, hombres que lloran porque la ansiedad les puede, hombres que no encuentran trabajo y se sienten frustrados, hay hombres que hacen trucos de magia para que sonrías, hay hombres que adoran a los niños pequeños y te muestran fotografías de sus sobrinos, hay hombres que saben abrazar, hay hombres menos machistas que algunas mujeres.
Hay hombres que te escuchan aunque no les interese lo que dices pero son pacientes, hay hombres-niño que te gastan una broma o ríen por un detalle absurdo. Hay hombres sinceros que te dicen “sí, estás un poco más gorda” sin maldad, es una cuestión de sinceridad ¿para qué preguntamos?
Mujer
Hay mujeres que critican el lenguaje sexista y luego cierran la boca cuando otras en defensa de lo que sea o en defensa de sus bolsillos se desnudan porque sí, hay mujeres que se ofenden si algunos hombres las miran al pasar por la calle.
Hay mujeres que hablan de sexo en voz alta en la mesa de al lado de un café o en el tren para parecer modernas, hay mujeres que están deseando que les vaya mal a sus amigas para ofrecerles su amistad, hay mujeres que no soportan que sus amigas vuelvan a estar bien ¿de quién van a sentir lástima ahora?
Hay mujeres que se creen con derecho a defender a otras porque las consideran niñas, hay mujeres que no se gustan, hay mujeres que piensan que la igualdad pasa por el filtro de  vivir para protegernos a las demás gracias a profesiones que se han inventado y de las que viven muy bien, en vez de afrontar sus propias vidas. Quizás no tengan, quizás piensen que son mejores que tú, que yo…
En el fondo, muchas se cambiarían por ser una princesa, una modelo casada con un futbolista, muchas de las que ondean la bandera del feminismo sin saber qué significó y que han olvidado de manera miserable a otras mujeres que lucharon en silencio trabajando de sol a sol: nuestras madres, nuestras abuelas, a Clara Campoamor, Marie Curie, las primeras ginecólogas… y curiosamente ellas no odiaban a los hombres.
El cambio no venía de la mano de participar en tertulias televisivas o de escribir artículos repetidos y copiados mil veces con las mismas frases hechas. Tampoco de crear ministerios absurdos para ‘ayudarnos’, mujeres que no han dejado un currículum jamás, que ni conocen la palabra esfuerzo y mucho menos su significado.
Claro que se debe luchar y reclamar nuestros derechos, pero sin necesidad de atacar, y sobre todo sin necesidad de caer en la contradicción diaria.
Soy mujer y amo a los hombres a los que son buenos e imperfectos como tú, como ella, como yo.

9 de marzo de 2013

Día de la mujer trabajadora: no quiero más dramas



El último trabajo de Fangoria es un golpe de efecto a este mundo extraño en el que habitamos. Sí, porque es raro ahora y lo ha sido siempre, la única diferencia es que ahora las miserias se ven más nítidas y las depresiones son contagiosas.
Nunca un país en plena democracia estuvo más separado en dos bandos: a los que les va mal y a los que les va demasiado bien.


Ayer fue el día de la mujer. No sé quién tuvo semejante ocurrencia, la de elegir un día para cualquier situación que sirva para que unos cuantos llenen sus bolsillos a costa de demagogia barata (¿existe demagogia de lujo?)


Si hubiera que "celebrar" un día- y más en estos momentos- sería el del ser humano sin distinción de sexo. Hay un tipo de mujer que hace tiempo abandonó la lucha feminista por otra más fácil, la de la queja, la de la creación de centros, estudios y demás, donde unas cuantas viven de defender nuestros derechos. 

De las excepciones ni hablo, se da por hecho que existe gente decente. Hablo de esa casta que saca las uñas en cuanto un anuncio en la televisión les resulta sexista, como si eso fuera un drama.


Ayer me llegó al correo una petición por parte de Change.org para que firmara por la retirada de los anuncios de contacto en los periódicos.
¿Acaso les obliga alguien a poner esos anuncios? No. Son mujeres, no niños a las que tú mujer que odias a los hombres crees que con denunciar un anuncio de este tipo, o decir "todos y todas" cada dos frases, las salvas a ellas y avanzas en la "lucha" ¿Quién te crees que eres?

CLARA CAMPOAMOR

Me gustan los hombres. Supongo que porque tengo un hermano al que quiero y siempre he admirado por su conducta. He jugado con chicos, me he enamorado, me han dejado, he dejado, han sido crueles, he sido cruel, he tenido jefes inclasificables
y jefas que me han preguntado a la cara si pensaba quedarme embarazada como si fuera el mayor de los pecados.

A esas nuevas feministas sí las oigo gritar por un comentario fuera de tono a una política e ir de víctimas, escribir libros donde echan la culpa de todos sus fracasos a un divorcio o a un ex porque los hombres son tan malos... esa es la base de sus argumentos. El de un tipo de feminista, sí.

Ya conocemos a la famosa escritora que utiliza sus columnas para atacar a todo lo que suene a masculino. A mí no me representa. 


Ni ella ni un señor que maltrate a una mujer. Uno es un indeseable y la otra subestima la inteligencia de las demás atacando a los que maltratan pero también a las mujeres por ser bellas o inteligentes o ambas cosas. 






Me llama la atención que siempre tenga una amiga modelo que "sale en la tele anunciando esto o lo otro" y sabe que es tremendamente infeliz. ¿Eso es feminismo o argumentaciones de quinceañeras?


Conozco a mujeres que no sólo sufren una enfermedad sino que están desempleadas, tienen talento,  son cultas y para su desgracia son bellas y por supuesto, odiadas por muchas otras. 


En cuanto a las mujeres válidas poco sabemos de ellas, apenas se muestran en los medios de comunicación. Esas mujeres están trabajando en silencio, son anónimas: investigadoras que se han de marchar de España porque no tienen un contrato (y hombres, muchos hombres también) 

A ellas es a las que hay que apoyar simplemente ofreciendo espacio en programas de radio y televisión para que se expresen.

Por supuesto que hay que avanzar y alcanzar más derechos, pero que no me den lecciones mujeres que llaman machista a un hombre por lanzarles un piropo y luego reaccionan cual adolescentes ante el guaperas de turno que esté de moda.

Y no hablemos si tienen la ocasión de llegar a ellos mediante entrevistas, si su profesión se lo permite, tened por seguro que sus doctrinas sobre el mal comportamiento del hombre respecto a la mujer, no tendrán la misma validez si es ella la que se comporta como un buitre. 

No hay nada más patético que escuchar a locutoras perder los papeles por un chaval de veinte años para minutos después llamar grosero a cualquiera que haya hecho alusión a la belleza de una actriz, modelo...



 Creativealys.com


Lo que me llama la atención son las féminas florero encantadas de conocerse y que son valoradas por algunos hombres por su currículum, y por otras poderosas razones que suelen mostrar sin tapujos ¡Qué deshinbida! ¡Y qué divertida! 

Esas mujeres no quieren ser rescatadas, les da igual, si una cobra menos que un hombre o si hay más o menos directivas, un inciso, en la radio una gerente de una gran empresa aseguró estar cansada de escuchar que estar embarazada era sinónimo prácticamente de enfermedad, que ella había tenido dos hijos, y con su tripa bien grande había llegado a tomar hasta dos aviones. "Con el apoyo de mi marido, en este barco vamos juntos" 

Clara Campoamor sí fue feminista, y elegante hasta cuando le dieron de lado

Señoras, si ni entre nosotras nos ponemos de acuerdo. 


Cospedal es un desastre como ministra, y Rajoy como presidente ídem, ¿Qué pasa que porque es mujer no se le puede atacar? Tal vez con ella sí se atreven porque su torpeza es tan obvia, pero en general... si hasta Mato usó el machismo como defensa ante sus asuntos de cumpleaños pagados por terceros presuntamente.

Y si nos reímos de Montoro, nos reímos de Soraya. O de la señora Leire Pajín, todo un ejemplo de cerebro ilustrado. Seamos serios y dejemos lo políticamente correcto a un lado. Que es un invento al igual que lo de la 'clase política'.


Injusticias las hay, claro que sí, pero mientras contraten a una Barbie porque sale mona en el plano, y dejen de lado a personas con preparación ¿De qué igualdades estamos hablando? 

Si ella acepta es igual de machista que un hombre, o lista o qué sé yo. No sabía que para ser periodista debías posar como si fueras modelo, ir con minifalda y lucir escote un 80% de las veces, ah y hasta tener un book.

¿Igualdad? Las únicas que lucharon por la igualdad desgraciadamente están muertas. Y las que necesitan que sus derechos sean escuchados y cumplidos no se codean con las señoras que acuden a tertulias en radios y televisiones a decir chorradas o pura y dura demagogia. 


Al salir del plató ya se han olvidado de la señora que limpia por horas y no tiene seguridad social ni se la espera. 

Hartita de demagogia en el día de la mujer. Sobre todo por parte de ellas. Si quieres ayudar a una mujer no ataques su inteligencia imponiéndole que ha de contratar a otra simplemente por el hecho de serlo. 

Entre nosotras nos pisamos, se nos da de bien... ¡Estamos deseando criticar a una mujer hermosa! Y si tiene talento nos da un poco igual (hablo en plural porque mi abuela así me lo enseñó) Cansada de niñatas que parecen clones y son contratadas para hacer bonito y lo peor, les gusta. 

Otra cosa es ser modelo, la belleza es necesaria, forma parte de su trabajo exhibirla, pero que yo sepa en periodismo y demás profesiones no lo es, al menos es lo que reivindicaba Angels Barceló.



"No me vengas con historias..."





Joana Sánchez

19 de diciembre de 2012

El escritor y el sueño


Érase una vez un escritor que no tenía dinero. Tenía buenas historias en sus cuadernos, y era la persona más feliz del planeta cuando las compartía con los demás, pero no podía vivir de su imaginación, la dura realidad le obligaba a redactar artículos y más artículos sobre temas interesantes, pero sin emoción, al menos no la que él sentía cuando creaba sus relatos.

Llegó el invierno y con él la Navidad. Estaba triste frente a la pantalla de un ordenador ya viejo. Sabía que si  quería ganar algo de dinero debía escribir sobre cosas que no le agitaban el corazón, ni le hacían esbozar sonrisas en solitario.

Suspiró y comenzó su trabajo. No se levantó de la silla hasta que la madrugada le alcanzó. Miró el reloj :"las dos de la mañana..." murmuró. Ése era su momento. Abrió un cajón y sacó un cuaderno con la tapa azul, le gustaba escribir a mano, tuvo que hacer un gran esfuerzo para no cerrar los ojos, se frotó las sienes por el dolor de cabeza que le visitaba cada noche y comenzó la tarea.

La pluma le pesaba por lo que decidió seguir con el ordenador aquella vez. Sintió que se había despejado, y animado, continuó con su historia: aquello era auténtico, al menos podría hacer feliz con sus palabras, entretener, quién sabe si algún día publicar...

La madrugada la pasó en vela, se sentía terriblemente cansado, pero a la vez, con el ánimo suficiente para desgranar diálogos, intrigas, besos apasionados entre sus personajes, situaciones divertidas, las tramas fluían de sus dedos aquel día.

Quedó dormido en la mesa. A las nueve, el ruido de unos pájaros traviesos picoteando en el cristal de su ventana le despertó. Un poco aturdido, se estiró, y tras un largo bostezo miró a su alrededor. El cuaderno permanecía cerrado y tocó una tecla para que la pantalla se encendiera. Medio dormido miró su correo, al principio le pareció estar soñando pero no, ¡tenía doscientos mensajes! Espabiló en ese instante.




Todos tenían el mismo asunto: "Felicidades" o "Enhorabuena"

Con el corazón en un puño, nervioso e intrigado abrió uno:

"Hacía tiempo que no leía algo que me divirtiera, me hiciera sonreír y hasta casi soltar alguna carcajada, no sé qué ha pasado, si es una inocentada o algo parecido, pero le doy la enhorabuena"

Así sucedió con cada uno de los que fue leyendo. Unos cuatro, no se atrevió a seguir.

No entendía nada.  Por lo que buscó entre sus archivos, abrió los dos lugares donde escribía ¡y por todos los santos! Allí estaba, entero, casi con descaro, si eso era posible: uno de los capítulos de su novela en vez de el artículo de turno, ¡el que aquella madrugada había escrito entre cabezadas!.

Se levantó de la silla y se llevó las manos a la cabeza... ¡Le echarían!  Y peor aún, seguro que era el hazmerreír de todo el universo, gracias a Internet, lo sabrían hasta en Australia. 

Entre avergonzado y con algo de curiosidad, leyó cada correo con cierta vergüenza. Ni un solo reproche, burla o semejante calificativo fue hallado. Todos parecían felices, intrigados por la continuación de aquella historia que había llegado a una publicación 'seria'. No sabía si reír o llorar, pero cuando hubo terminado, les escribió pidiendo disculpas pero a la vez, añadió unas palabras:

"Si desea conocer el final de la historia, no dude en escribirme se la haré llegar gratis. Gracias por leerme"

Al día siguiente, obtuvo contestación, en 'asunto' pudo leer: "Por favor envíe el final y siga escribiendo"

Un par de lágrimas cayeron por sus mejillas y un suspiró envolvió su habitación, tal vez jamás publicara un libro, tal vez nunca fuera conocido del modo que siempre había soñado, quizás escribir sus historias no sería su sustento, pero al menos, sus personajes ya tenían otros dueños ¡y vaya que si habían sido bien recibidos!

Amigos,un escritor que no puede escribir lo que siente, es como un enamorado condenado a no decir te quiero jamás a la persona amada. No importa si es o no correspondido y si el amor triunfa, lo verdaderamente importante es atreverse a pronunciar las palabras que uno siente en voz alta.

A nuestro protagonista, le incitó a dar a conocer sus historias el sueño, pero ¿Acaso no soñamos despiertos? 


Joana Sánchez 

14 de septiembre de 2012

Pequeño homenaje: Sra Concha, adiós.






Cuando era pequeña me gustaba automecerme. Ahora suena extraño pero me pasaba horas balanceándome contra el respaldo del sofá entonando una melodía. Era la pesadilla de las escasas visitas de mis padres. Recuerdo que años más tarde reían recordando lo absurdo de mi comportamiento, pero probablemente aquél baile tenía algún significado profundo.

 Cuando era pequeña una señora mayor cuidaba de mí. "A la niña no te la lleves al médico que allí hay microbios" le espetaba a mi madre cuando debía ir con mi único hermano. A los niños no se les puede dejar a cargo de cualquiera pero ella tenía un pañuelo especial para mí. Además de una caja de galletas inmensa que guardaba en un armario que a mí me parecía siniestro hasta que veía que regalaba dulces. Cuando era pequeña pasaba largas horas con esa señora.

Íbamos juntas a hacer la compra. Yo debía medir 'dos centímetros' pero llevaba una capacita como la suya. "Niña, cuando tú vayas a cruzar siempre tienes que mirar a los dos lados" y su acento gaditano me hacía sonreír mientras asentía. Le ayudaba a hacer la comida aunque mi única labor consistía en poner en la olla una pastillita de Knorr, más de una vez abrí ese cuadrado que olía tan bién y lo probé. Sabía a rayos y centellas, pero nunca me regañó. O sí, prefiero pensar que no. 

Un día se tuvo que marchar y se fue hasta Vigo a vivir. Ya no era la niña de nadie. Sí de mis padres pero no de esa señora que me trataba como a una adulta y luego me mimaba como a una princesa sin reino. Llegó el momento de las cartas y el ver cómo crecía a través de fotografías. Le contaba todo, mis cosas, las que ocurrían en el barrio... Poco a poco iba perdiendo algo de oído y cuando llamaba sabía que le tenía que gritar. "Niña, ¿tienes novio?" "No..." "Mejor niña, mucho mejor" . 

Y esta madrugada, a la una... su hija, tan maravillosa como ella me dio la noticia: mamá ha fallecido. Tenía  cien años y ocho meses. Pero su voz era juvenil, alegre. No creo que se sintiera mayor nunca puede que desde hacía unos años sí. Tal vez aquella actitud también me lo enseñó porque en más ocasiones de las que debiera me siento como una niña. Señora Concha hizo usted más por mí de lo que imaginaba. Bueeeno la tutearé que siempre lo olvido. DEP.

Tu niña


19 de diciembre de 2011

Sandra, la profesora de yoga


Apenas  habré intercambiado unas palabras con ella. Se llama Sandra y es mi profesora de yoga. Imparte sus clases en el Aula Municipal. Y hoy quiero darle las gracias.

Los lunes y miércoles me siento feliz. Antes de ir, y después al regresar.  Cuando asistí a la primera clase estaba atravesando unas semanas con un grado de ansiedad un tanto antipática. Creo que todo era debido a haber pasado de un ritmo acelerado, con viajes, proyectos, ilusiones... a un presente un tanto distinto del esperado.

Ese primer día, yo iba apática y hasta nerviosa mientras me acercaba al Aula, pero tras la sesión, salí relajada y con esa sensación indefinible de haber "conectado" con esa voz dulce que nos indicaba qué debíamos hacer. Buena energía creo que lo llaman. Allí había de sobra.

Postura de montaña, tomar aire desde el abdomen, posturas de equilibrio y concentración, la vela, la pinza... y el triángulo, aquellas clases eran relajantes pero nada sosegadas, ¡afortunadamente! Sandra nos invita a conocer nuestro cuerpo, a no forzarlo, pero sí a trabajar, para mejorar nuestra elasticidad, nuestra postura, equilibrio y concentración, e incluso los abdominales. Yoga activo.





Eso sí, luego llega la hora de la relajación y con nuestras mantas sobre el cuerpo para aliviar el frío que conlleva la calma, Sandra va desgranando palabras que invitan a mejorar nuestra respiración y, a la vez, a ordenar nuestras ideas. 

En esos escasos minutos marca unas pautas sencillas pero sabias: "somos seres limitados, hay cosas que no podemos modificar, debemos ser conscientes de lo que no podemos cambiar y asumirlo", "tratemos, a pesar de las circunstancias, de mantener una actitud optimista y una sonrisa"

Como los seres humanos somos complejos, y nos cuesta ponernos de acuerdo, hoy no ha tenido un regalo por parte de sus alumnos, pero lo tendrá. En esa cuestión sí hay entendimiento.¿Por qué? porque lo merece. 

Hay personas que hacen su trabajo de una manera fría, mecánica aunque sea de cara al público, y otras que vuelcan en él lo mejor de ellas, lo que convierte en un lujo para el que está cerca, recibir sus enseñanzas.

En nuestra clase de hoy-meditación activa-, hemos terminado sudando y riendo en los últimos minutos: éramos un grupo, un equipo que se movía al unísono, gracias a nuestra directora de orquesta particular. Al terminar, y relajarnos, por primera vez nos ha contado un relato con moraleja. 

Venía a decir: "Vive como si fueras a morir mañana y deja de emplear energía en el futuro, en lo que vendrá, en preocupaciones, disfruta del día a día. Vivimos como si no fuéramos a morir nunca, y morimos como si nunca hubiéramos vivido" Lindo ¿verdad?






¿Sabéis lo más bonito de todo? Nos ha dado a cada uno, el cuento envuelto en una cinta roja de regalo. ¡Escrito a mano! Le he dado las gracias dos veces. Y probablemente cuando la vuelva a ver le dé un abrazo. 

Ojala todos supiéramos o pudiéramos disfrutar de nuestro trabajo. Ojala, como en la clase de hoy, hiciéramos más cosas juntosconstruyendo y no viviéramos mirando nuestro ombligo. Sobre todo en estos tiempos.

Ojala todos comprendiéramos que las pequeñas cosas son las más importantes. Una clase de yoga ¿es algo pequeño? o ¿puede ser una pieza fundamental para la vida de una persona porque le hace feliz...?

Sandra, esto va por ti, tus clases son mucho más importantes de lo que puedas creer, o quizás sea una soberbia y probablemente te lo hayan dicho miles de veces, pero al menos a día de hoy, antes de que finalice 2011 y las clases, te digo públicamente:  Gracias por ayudarme a sentirme mejor, eres una gran profesora.

Y tú, ¿tienes que dar las gracias a alguien?


Joana Sánchez

3 de diciembre de 2011

Un vaso de leche, por favor


El protagonista de esta historia no tiene nombre, al menos yo no lo conozco, pero durante unos minutos sentí el mismo aprecio por él, como si fuera un amigo de toda la vida.

Estaba en una cafetería donde entramos mi acompañante y yo. Momentos antes habíamos adquirido un árbol diminuto de navidad, el anterior se jubiló el año pasado. Decidimos tomar algo caliente tras nuestra caminata. 

En el interior, sólo había una pareja de hombres charlando, las dos camareras y un chico, extremadamente delgado. Llevaba en la mano un par de churros envueltos en una servilleta junto a otros alimentos que no acerté a adivinar.

Mi acompañante había dejado su monedero un instante sobre la mesa. El chico delgado, comenzó un discurso repetitivo con  un tono de voz bajo. Apenas le entendía y mi mirada iba de la mesa a sus ojos, y de sus ojos a la mesa.

Entre nerviosa y seca le espeté "no tengo dinero, estoy en paro" y clavé mis ojos en los suyos.

Su respuesta fue: "no quiero dinero, sólo un vaso de leche"

El nudo en la garganta, la vergüenza y la impotencia se apoderaron de mi cuerpo. Mi acompañante le dijo que pidiera lo que quisiera que ya se pagaría. Sonrío y nos dio las gracias. ¡Incluso a mí!

También pedí un vaso de leche, pero estoy convencida de que no me supo tan bien como a él.

En la barra, podía observar cómo iba introduciendo en su vaso de leche con "Cola-Cao", magdalenas, trocitos de churro, tratando de crear un tetris comestible.

Cuando terminamos, con sabor amargo en la boca, le miré y le pedí perdón. "Pensaba que me pedías dinero y no tengo nada". Las chicas que trabajaban allí nos contaron que venía casi todos los días, pero sus jefes les habían prohibido darle de comer, además de estar vigiladas con cámaras.

"Cuando tenga un trabajo, te invitaré a lo que quieras", le dije en un absurdo arrebato, él me dio las gracias y sonrió como un niño pequeño. No había ni maldad, ni resentimiento en su mirada y me deseó suerte.

Ya en la calle, sólo quería llorar, pero una frase me interrumpió el desahogo: "ahora me ha pedido dinero para una barra de pan", era la voz de mi acompañante, mi madre, una santa. Una mujer sencilla, buena y que al contrario que otras, jamás le daría la espalda a una persona que quiere comer. Le sonreí  añadiendo: "si yo fuera él y me hubieras invitado a almorzar, también querría que me ayudaras con la comida de ese día"

Dedicado a todos los que sólo desean un vaso de leche, en este mundo raro.




Joana Sánchez

16 de noviembre de 2011

Y a ti qué te pasa

-¿Qué haces?

-Yoga, ¿es que no me ves?

-Pues no se te nota relajada... me acabas de dar una patada

-Ah... perdona, es que este aula municipal es tan pequeña

-Tranquila, antes una señora me pisó en la postura del guerrero

-Oye, no sé si es la luz, pero te veo un poco gris

-Sí, esta mañana cuando me he levantado, me vi los pies grisáceos

-Si que viene fuerte este año el virus de la gripe, ¿y te duele?

-No, pero me siento como si fuera invisible. La profesora ni me ha dicho hola al entrar.

-Te confieso que yo casi no te veía, si no me llegas a dar la patada...

-Tendré que ir a mi médica

-Será lo mejor... ¿Tienes estrés? el estrés es el culpable de casi todo ahora

-Mujer..., tengo lo normal, el que se lleva este año.

-¿Y depresión, tienes depresión, o estás de bajón?

-Feliz feliz lo que se dice feliz no soy, pero tampoco me quiero suicidar, yo creo que es porque he dejado de escribir sobre lo que me gusta, y luego están las noticias.

-No te entiendo...

-Sí, la radio, la tele, Internet, y el twitter. Me vuelven loca cada mañana. Que si la prima de riesgo, que si la gente roba en los supermercados para comer, que si las elecciones..., pero es que sales a la calle y la cantinela sigue, y claro, supongo que me ha afectado; ahora sólo escribo cosas relacionadas con el trabajo, y a mí lo que me gustaba era escribir historias.

-¿No te gusta tu trabajo?

-No me disgusta, pero necesito estabilidad y esa palabra la han borrado del diccionario

-¿Quiénes?

-Los mismos que hablan por la radio, la televisión y el twitter, por eso me paso el día escribiendo sobre cosas muy serias.

-Qué cosas, lo siento. Yo vivo sola y me dedico al yoga, a caminar y a hacer sopas de letras, como estoy jubilada

-Qué envidia...

-Hace una hora te hubiera dicho que me cambio por ti, pero viendo todo lo que te pasa, me quedo como estoy. ¡Vaya, parece que estás recuperando algo de color!

-A ver... pues sí, mis brazos lucen pálidos como siempre. Será porque he hablado contigo.

-Mujer, tampoco es para tanto, sólo soy una jubilada que hace yoga para distraerse no una psicóloga

-Pero me has escuchado

-Tendrás amigos...

-No se trata de eso, me has escuchado porque me has visto, para ti no soy invisible, con los tiempos que corren, es un milagro que alguien te vea.

-Hija, yo no te entiendo muy bien, pero al menos ahora pareces una persona y no una viñeta del periódico, y vamos a callarnos, que se supone que estamos meditando.

-Meditemos, pero gracias

-De nada

Joana Sánchez

12 de agosto de 2011

Una Coca-Cola ¿y una sonrisa?


Parte de la producción de Coca-Cola en Alicante se traslada a Valencia. ¿Qué conlleva esta noticia? Más paro, despidos, y familias con serios problemas. Si pulsáis aquí encontraréis más información.

En este blog tratamos temas de la actualidad a nivel nacional, pero esta última bofetada laboral no es lo que necesita una ciudad, la nuestra, la que preside nuestro blog y la que cuenta con más parados por metro cuadrado.

A veces percibo que habito en dos realidades unidas por un hilo sensible, a punto de quebrar.

Mientras una parte de los españoles habla de vacaciones, de sus viajes, o envían fotos de las playas maravillosas donde están por su "merecido" descanso, la otra mitad se pregunta: ¿y dónde está mi sosiego merecido?

Estresa la inestabilidad. Estresa no tener casa propia. Estresa ver a gente que ha pasado la barrera de los treinta y que no puede emanciparse.


Estresa pensar en hombres y mujeres de más de cuarenta y cinco años que se han quedado en la calle. Y les cuesta horrores volver al sistema.

Estresa pensar en que cuanto más preparación se tiene, peor a la hora de encontrar un empleo. Ahora lo positivo es hacer un FP, buena idea, llega con retraso pero buena. ¿ Pero qué harán quienes han invertido tiempo, esfuerzo y dinero en estudiar una carrera? ¿Emigrar? Sí, no es nada malo. Y los alicantinos conocemos bien el tema.

La reflexión que hoy lanzo al aire es ¿hasta cuándo puede una persona vivir sin un sueldo que entre a su casa cada mes? Pueden decirnos que crisis es igual a oportunidad. 

Pueden decirnos que hay que ser optimista, pero no todos los españoles han vivido por encima de sus posibilidades, ni han abandonado los estudios, ¿qué pasa con ellos? ¿Nos vamos todos a Alemania y dejamos a los cuatro privilegiados compartiendo con nosotros sus vacaciones eternas?

La crisis será igual a oportunidad pero, las fuerzas flaquean. Sobre todo cuando se invierte energía y tiempo y los meses vuelan. No hay trabajo, no hay un contrato. Porque aunque el ser humano pueda vivir con poco y ser feliz, vivir con nada es imposible.

Los de abajo tenemos que movernos y lo hacemos, pero si los de arriba no escuchan, veremos menos sonrisas y más lágrimas. Y desgraciadamente, más violencia. Y lo más injusto es que esto ocurra entre los que no han pasado ni julio ni agosto en Mallorca... en su vida.

Joana Sánchez

19 de julio de 2011

Ir al médico me mata




Me pasa siempre. Cuando tengo que bajar al ambulatorio me pongo nerviosa. Estoy bien minutos antes y cuando llega la hora, comienzo a sudar, "que no te pasa nada, que no te pasa nada", me digo. Lo sé, no me pasa nada, ok. Pero las piernas se me doblan y bajo la cuesta como si me fueran tirando petardos. Cuando llego al centro de ¿salud? me tranquilizo. ¿Por qué? No lo sé. Algo del síndrome de "la bata blanca" he oído. Será eso.

Soy puntual y eso es un delito si vas a la seguridad social. Un delito que atenta contra tu tiempo. He dejado cosas por hacer por "estar a la hora". ¿Para qué? He salido de allí unos ciento veinte minutos después.

Mi médica, eso sí, es encantadora. Debería recetarse. Cuando se produce el milagro y pronuncia tu nombre, además de dejar atrás conversaciones absurdas sobre dolores varios, una luz asoma por el techo y la enfoca. Ahí está, con su bata blanca (uf pero ya no tengo miedo) y su sonrisa. Nunca la he visto seria.

Te pregunta y lo mejor de todo ¡escucha! Cuando voy, puedo contarle lo que me sucede y hasta lo que no me sucede. Si me encuentro mejor, e incluso sabe alguna cosita personal, pero si la conocierais le contaríais hasta qué habéis soñado esa noche. Pero nos separa su bata. No puedo hacerle ninguna entrevista y tampoco mencionar su nombre.


Cuando he salido ya me había olvidado de que una yonqui muy simpática, me había hecho girar para que le mostrara mi camiseta (una imitación del monstruo de las galletas)

De una mujer que ha contado todas las enfermedades que tiene, que su nuera es enfermera y su hija trabaja en una fábrica de helados. Nunca entenderé porqué la gente me cuenta su vida. Quizás para que aprenda mejor a vivir la mía.

Pero, cuando se abre la puerta de mi médica, la protagonista soy yo. Ella me hace sentir especial. Me conoce. Es fácil hablar con esa mujer. Nos quejamos por la espera. Los "ay, ya he perdido toda la mañana..." se suceden entre suspiros y algún enfado. 

Pero, ¿tu médico te cura con la mirada?. La mía sí. Es la mejor escuchanta que conozco.


Joana Sánchez