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14 de septiembre de 2015

Enamorada de Orito

ERMITA DE LA APARICIÓN. ORITO. MAYO 2014
Tuve una época en la que ir a Orito era prácticamente un ritual como lavarse los dientes, ahora que lo pienso, me los he lavado allí también. ¿No conocéis Orito? No sé a qué estáis esperando.

Soy reincidente. Estuve por primera vez allí por 2009 creo recordar. Aquí os dejo un artículo del año 2011 donde os contábamos las lindezas que se pueden ver en Orito.

Todos los lugares tienen un rincón estrella, ese que hay que visitar sí o sí, y en el caso de Orito es su santuario y la ermita de la aparición, lugar en el que estuve en mayo de 2014. 

Recuerdo que no estaba en mi mejor momento y no sé si pedí o pensé que San Pascual me podía echar un cable :) pero sí confieso que ni una sola vez, me he aburrido y siempre he vuelto con una sonrisa cada vez que me llevaron, porque no he vuelto a ir, habrá que remediarlo.

LA FAMOSA CUEVA DONDE LOS DEVOTOS ACUDEN.
ABAJO HAY UN ÁREA RECREATIVA INTERESANTE.

En mayo del año pasado hacía frío y los oritenses, además de educados y devotos, compraban velas a las puertas de la ermita a una pareja que aparcó su camioneta frente a los que nos concentramos allí mientras esperábamos a que llegara la procesión. Nosotros nos acomodamos en un banco al lado de los lugareños y observamos el ritual.

La banda de música llegó, tocaban muy bien todo sea dicho, todo esto ocurría durante la famosa Romería de San Pascual y comenzó a sonar Paquito el Chocolatero y luego el Himno nacional. Divertido ¿o no? Tiraron una traca y el santo no se movió (menos mal)

Orito está aquí al lado, a 5 kilómetros de Monforte del Cid y a unos 25 kilómetros de Alicante.

Para mí era todo un acontecimiento ir allí. En sus fiestas y sin ellas, aunque el 8 de septiembre se celebró la de la Virgen de Orito. 

Recomiendo subir a la Cueva de San Pascual.  porque hay unas vistas magníficas. ¿Por dónde? Se puede hacer caminando o en coche. A ver, la Romería manda escalar la empinada cuesta que hay antes de llegar a la cueva, pero no es obligatorio. Eso sí, acude gente de diversos puntos y lo hacen desde Elche, Vega Baja, Almería y provincias de la Mancha.

Sé que no estamos en el mes de mayo ni se aproxima la Romería pero San Pascual Baylón os espera en cualquier momento del año, y si sois osados podéis subir hasta la Cueva por una de las laderas.

Joana Sánchez


2 de agosto de 2011

Monforte del Cid y unas gotas de Orito

Hacía tiempo que no escribía una entrada con excursión incluida. Pero hoy a dos de agosto, en una hora rara en la que no sé si estoy dormida o despierta (es lo que tienen las no siestas) os paso a explicar la última.

Como sabéis, nosotros somos viajeros cercanos. Nuestro aspecto confunde. Ropa deportiva, mochila, zapatillas preparadas para subir la montaña más alta, pero no todo es lo que parece.

Decidimos visitar un lugar próximo y batimos nuestro record: Monforte del Cid y luego Orito. "Siempre nos quedará Orito".

Sé que es obvio y hasta pesado, por infantil, pero no olvidéis poneros la protección solar. Servidora es tan blanca, blanca escocesa -según una dermatóloga- que a pesar de mi precavida acción de embadurnarme con ese ungüento, me quemé.

Al grano. Monforte del Cid, pertenece a la comarca del Medio Vinalopó y no llega a 8.000 habitantes.

Limita con Alicante, Elche, Petrer, Novelda y Agost y su territorio se extiende en la pedanía de Orito. Lugar con encanto, que posee un centro de peregrinación para visitar a San Pascual Bailón. Altamente recomendable.


Si contemplamos sus campos, descubriremos cultivos de uva envasada. De hecho, destaca la colocación del bolso de papel, que protege el racimo, retrasa la maduración y mantiene los elementos naturales del cultivo. A 31 de julio, este pasado domingo, fuimos testigos de semejante paisaje.

Esta característica hizo posible el reconocimiento de la Denominación de Origen "Uva de Mesa Embolsada del Vinalopó" en 1988.

También destaca la elaboración de Anisados y Licores, de hecho, al entrar al pueblo es lo primero que encuentras en una fachada en letras gigantescas anunciando estas bebidas. También se dedican al mármol.

Nuestra sorpresa fue toparnos con un museo. No porque los lugareños no tengan derecho a uno, sino ¡porque estaba abierto! y era gratis. Se llama Museo de Historia de la Villa Monforte del Cid.

Su guía, muy amable nos mostró las dos plantas de las tres en las que se divide. Tiene un cierto aire al MARQ en su estructura y él nos comentó que muchos visitantes se lo hacían saber.


Está ubicado en una antigua casa del que fue alcalde de la población, Bonifacio Amorós. El museo consta de tres plantas, las cuales abordan: el paso del tiempo, Íberos y romanos.

En la planta baja podemos disfrutar de un audiovisual sobre la historia más reciente de la villa, orígenes de sus fiestas, etc. Además, nos encontramos con la antigua maquinaria del reloj de la iglesia Nuestra Señora de las Nieves.

En la segunda planta-llamativa, os aconsejo visitar este museo- encontraremos un interactivo que nos permitirá conocer la historia de la arqueología monfortina.

Destacamos como piezas importantes: el torso del guerrero, la gran mano íbera, el toro mitrado, los pies de una escultura íbera de hombre y mujer y por supuesto el toro Ibérico de Monforte del Cid, de más de 300 kilos que data entre finales del siglo IV y principios del V a.C.

Sobre él se da lugar a un audiovisual acerca del mundo funerario íbero y su necrópolis. La imagen es espectacular. No sé el nombre del diseñador o diseñadora, pero el resultado es visualmente hermoso e innovador. El toro cobra mil formas y colores.

También cuentan con una mesa interactiva, pero la ley de Murphy quiso que no funcionara cuando lo puso en marcha. Todo lo demás suplió ese pequeño ¿fallo? Supongo que había tanta historia, recuerdos y energía ahí dentro que rechazaba el uso de un ordenador.

Visitamos su iglesia tras despedirnos de nuestro guía y de darle las gracias. Como el sol calentaba de lo lindo las fotografías fueron fugaces. Y las sombras nuestras mejores aliadas. Eso sí, Monforte cuenta con muchos parques y fuentes. Sus fachadas son pintorescas y llenas de color. En algunas ocasiones recuerdan al barrio de Santa Cruz.




Comimos en Orito, lugar del que ya hemos hablado en otras ocasiones. Pero siempre se descubren nuevas cosas. Esta vez fue un pequeño mirador de piedra y con un soporte de azulejo que recoge el paisaje que tenemos delante.

No hace falta que os vayáis muy lejos para contemplar maravillas. Es un lema que repite mucho mi admirado José María Íñigo, y es cierto como que este artículo se acaba.




Joana Sánchez