20 de enero de 2016

Relatos urbanos en Alicante




Las mejores historias ocurren en los lugares menos sofisticados. En los peores días y junto a protagonistas con imperfecciones que resultan las más atractivas.

Ayer tomé el autobús, una incongruencia cuando tienes carnet, pero algo práctico cuando no tienes coche. En un día donde los labios los cubrí de un rojo llamativo en una tez más blanca que un vaso de leche en la nieve y con aspecto de motera sin moto. Un caos.

En el universo de un vehículo que transporta a gente te pueden pasar cosas. Pequeños guiones reales. Sobre todo si no vas hipnotizado por la pantalla de un teléfono. ¿Por qué alguna gente lleva puesta una sonrisa en la cara mientras mira un teléfono e ignora a quien va sentado a su lado? Al paisaje. Misterios.

Ayer, con mi blanca palidez observé a una señora cargada de bolsas que trataba de llegar a un asiento. Una chica bastante joven, hacía de portadora, pero no era ni hija, ni nieta ni había ningún tipo de relación (la gente joven es buena gente)





Una vez acomodada frente a mí, me sonrió. 

- Siempre que voy a casa de mi hermana, vuelvo con muchas cosas...

- Qué bien, le dije con una media sonrisa roja

- Pero yo encantada... aunque soy mayor, que tengo mis 75 años y diez hijos, enfatizó esto último abriendo mucho la boca

Si esa señora tenía 75 años yo debía ser Agustina de Aragón, pero quién soy para no creer en la palabra de una desconocida con ganas de charlar.

El teléfono estaba en mi bolso y llevaba un mp3 que no escuchaba... así que le debí parecer un bicho raro.

- Hay que sonreír y reír todos los días...

¿Era un libro de autoayuda hecho mujer? ¿Por qué me pasan estas cosas? ¿Por qué me hablan incluso cuando yo no tengo ganas de emitir un sonido?

- Sí, es lo mejor, añadí sin mucha gana pero sonriendo (por si acaso)

- He tenido una depresión durante veinte años. Y ahora no paro de reír. Soy viuda y tengo pareja... , me confesó con una mirada pícara, vivimos juntos, y me voy con él a bailar, hacemos viajecitos... fíjate... y ahora en cuanto llegue, me cambio y a bailar. Casi todas las tardes vamos. Estoy con él... pero con él... (y me guiñó un ojo)

Ay... ¿Quién puede resistirse ante semejante ser humano?

- Está perfecta, ¿75? No lo diga, aparenta diez menos (y es la pura verdad)

- Y diez hijos, repitió

- Pues hace muy bien, sobre todo con lo de ir a bailar...

Tenía el pelo rizado y corto, castaño, unos ojos pequeños pero brillantes, un poco de brillo en los labios y un cutis que más de uno y más de dos querría. La felicidad es lo que tiene.

Como una niña traviesa me susurró:

- Pero es que yo con mi marido no iba a ningún lado, y ahora... yo creo que vivo mejor que la gente joven. 

- Seguro... pero se lo ha ganado

- Es que él me quiere mucho y antes con mi marido... ya se sabe...,- cara de resignación- al llegar a casa me arreglo, me pongo un vestido negro, mis tacones y me pinto un poco, ¿la sombra azul queda bien?

(No soy la más apropiada para dar esos consejos pero le dije lo que pensaba)

- Usted es muy guapa, tiene unos rasgos joviales y suaves, no se ponga esos colores... no son naturales. 

- ¿Entonces qué me quedaría bien?

Suspiré y miré la bandeja que 'su hermana le había dado para que cenaran los dos juntos'. Era como tener quince años y hablar con tus amigas sobre "qué me pongo".

- Usted se pone lo que le guste, pero vamos, que con esa cara no necesita mucho maquillaje, está estupenda. Menos es más.

- Te voy a hacer caso y esta tarde sólo los labios y la cara más limpia... ¡Anda, la parada! Y yo no puedo, no puedo con todo esto, la quiero a morir a mi hermana pero se pasa de generosa...

Cogí un par de bolsas que iban cargadas de verdura y la bandeja para dos.

La señora bajó y le di todo lo que llevaba. 

- Gracias guapa, por todo, seguiré tus consejos.

Y yo los suyos..., pensé mientras volvía a mi asiento y sonaban Loryi Meyers.



Joana Sánchez


3 comentarios:

Enrique Tarragó Freixes dijo...

Sencillamente entrañable y encantador relato, Joana ... una gran foto llevada al teclado.
Genial.
Un abrazo

Enrique Tarragó Freixes dijo...

Con tu permiso, me he visto obligado a hacer el reblog: https://etarragof.wordpress.com/2016/01/26/alicante-cuenta-relatos-urbanos-en-alicante/

Alicante Cuenta dijo...

Ser encantador o explorar ese lado de la vida, no está de moda. La gente quiere historias que sean como un puñetazo en el ojo: que impacten. Yo prefiero pasear entre palabras.

Gracias, como siempre.